En la logística de mercancías sensibles, el control de temperatura no es un valor agregado, es una condición crítica de operación. Dentro de este contexto, el hielo seco se ha consolidado como una solución de alta eficiencia para mantener condiciones térmicas extremas, pero su éxito no depende solo del material, sino de la gestión logística integral que lo rodea.
Sin embargo, su uso no se limita a una función operativa. Implica el cumplimiento de normativas específicas, condiciones de almacenamiento especializadas y un manejo técnico riguroso que impacta directamente la seguridad y viabilidad de la operación logística.
El hielo seco, conocido químicamente como dióxido de carbono sólido, está clasificado como mercancía peligrosa bajo el código UN 1845. Esta clasificación implica que su transporte y almacenamiento deben cumplir con regulaciones internacionales como IATA (transporte aéreo) y IMDG (transporte marítimo).
Su principal riesgo no está en la inflamabilidad, sino en la liberación de dióxido de carbono (CO₂) durante su sublimación, lo que puede generar acumulación de gas en espacios no ventilados.
Por esta razón, las normativas exigen:
El uso de hielo seco impacta directamente la planificación logística. Su cantidad debe calcularse con precisión en función del tiempo de tránsito, el tipo de mercancía y las condiciones externas.
Un cálculo inadecuado puede generar dos escenarios críticos: por un lado, pérdida de temperatura y deterioro del producto; por otro, exceso de CO₂ en espacios cerrados, comprometiendo la seguridad de la operación.
Asimismo, su integración con el embalaje y el sistema de transporte debe garantizar que la cadena de frío se mantenga sin interrupciones, especialmente en puntos críticos como inspecciones, transferencias o almacenamiento intermedio.
A diferencia de otros refrigerantes, el hielo seco se consume con el tiempo. Por ello, el almacenamiento no puede ser un simple punto de espera; debe ser un proceso activo de mantenimiento.
En Snider, entendemos que el almacenamiento de cargas con hielo seco requiere una gestión especializada que incluye:
El manejo del hielo seco es un factor crítico en la gestión del riesgo logístico. Una planificación inadecuada o un almacenamiento pasivo pueden derivar en la pérdida total del producto, sanciones aduaneras o rechazos de carga que afectan la continuidad del negocio.
La correcta implementación exige un análisis preciso de los tiempos de tránsito y las condiciones externas. Al integrar el mantenimiento y la trazabilidad durante el almacenamiento, el hielo seco deja de ser un reto operativo para convertirse en una ventaja competitiva que asegura la calidad del producto final.
Por eso, el uso de hielo seco trasciende su función operativa y se posiciona como un componente estratégico dentro de la planificación logística. Su correcta implementación exige un análisis preciso del tipo de producto, los tiempos de tránsito y las condiciones externas, así como la integración de variables críticas como el embalaje, la ventilación, la manipulación y la trazabilidad.
En este contexto, el hielo seco no solo garantiza la continuidad de la cadena de frío, sino que contribuye directamente al cumplimiento normativo, la preservación de la calidad y la mitigación de riesgos operativos y financieros.
A medida que las cadenas de suministro se vuelven más complejas, el uso de hielo seco demanda infraestructura adecuada y protocolos definidos. En este contexto, el almacenamiento es el eslabón donde se gana o se pierde la eficiencia de la operación.
En Snider, no solo recibimos mercancías; gestionamos cada etapa de su almacenamiento, garantizando que el frío no se detenga y que cada carga cumpla con los más altos estándares de seguridad y cumplimiento normativo.

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